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Revista Científica UDO Agrícola Volumen 7.
Número 1. Año 2007. Páginas: 1-14
Desempeño funcional del boro en las plantas
Functional
performance of boron in plants
Auristela del Carmen MALAVÉ ACUÑA
1 y Pablo Eligio CARRERO MOLINA2
1Postgrado en
Agricultura Tropical, Campus Juanico,
Universidad de Oriente. Núcleo de Monagas, Maturín-Estado Monagas, 6201.
Venezuela e 2Instituto Venezolano Andino
de Investigaciones Químicas (IVAIQUIM). Departamento de Química, Universidad de
Los Andes, Mérida 5101-A. Venezuela.
Emails: auris@ula.ve y pcarrero@ula.ve
Autor para
correspondencia
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Recibido: 05/11/2007 |
Fin
de primer arbitraje: 04/12/2007 |
Primera
revisión recibida: 12/12/2007 |
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Fin de segundo arbitraje: 19/12/2007 |
Segunda revisión recibida: 23/12/2007 |
Aceptado: 26/12/2007 |
RESUMEN
A pesar
de que hace nueve décadas desde que se demostró la esencialidad del boro (B)
para el normal crecimiento de las plantas, hasta ahora su rol bioquímico aún no
está bien definido. El B es un importante micronutrimento con un difícil manejo
debido a que su movilidad en el floema varía marcadamente entre las especies
vegetales con síntomas de deficiencia y toxicidad en un rango bastante
estrecho. Durante los últimos años
numerosas investigaciones han contribuido a mejorar la comprensión acerca del
rol del B en las plantas. Las recientes revisiones proponen que este elemento
está involucrado en tres procesos principales que incluyen: preservación de la
estructura de la pared celular, mantenimiento de las funciones de la membrana y
cofactor de las actividades metabólicas. Sin embargo, debido a la ausencia de
evidencias concluyentes, su rol primario en las plantas aún no está claro. El
aislamiento y caracterización del complejo polisacárido-B a partir de las
paredes celulares proporcionó evidencia directa para los eslabones cruzados de
B en los polímeros de la pectina y confirmó in
vivo su rol en la arquitectura de la pared celular. Hasta ahora, las
evidencias han indicado que la esencialidad del boro en las plantas está
relacionada con su capacidad para formar puentes diésteres con grupos cis-diol
para producir moléculas estables como el complejo B-ramnogalacturonano II
fundamental en la estructura de la pared celular. Esta revisión ayuda a
sintetizar los más recientes avances en cuanto al rol funcional del B en el
reino vegetal para un mejor entendimiento de su comportamiento fundamental e
impacto directo sobre su manejo en los sistemas agrícolas.
Palabras claves: Boro, nutrición mineral, fisiología de cultivos
ABSTRACT
In spite of it is now nine decades since
boron (B) was demonstrated to be essential for normal
growth of plants, its biochemical role is not well understood at the moment. B is an important micronutrient with a difficult
management because of its phloem mobility varies dramatically among vegetable
species with deficiency and toxicity
symptoms in a quite narrow range. Several new and exciting researches during the
past few years greatly contributed to better understanding about B role in
plants. Recent reviews propose that it is involved in three main processes that
include: keeping cell wall structure, maintaining membrane functions, and
supporting metabolic activities. However, because of the absence of conclusive
evidence, its primary role in plants is still undefined. Isolation and
characterization of the B-polysaccharide complex from cell walls provided
direct evidence for B crosslinking of pectin polymers, and confirmed in vivo its role in cell wall
architecture. At the present time, the evidences have indicated that the B
essentiality in plants is related with its ability to form diester bridges with
cis-diol groups to yield stable molecules as the complex B-ramnogalacturonan II
fundamental in the cell wall structure. This review aims to summarize the most
recent advances about B functional role into vegetal kingdom to a better
understand of its fundamental behavior and direct impact on its management in
agricultural systems.
Key
words: Boron, mineral nutrition, crop physiology
INTRODUCCIÓN
El boro (B) es un elemento con
propiedades intermedias entre los metales y no metales, es decir un metaloide,
ampliamente utilizado como semiconductor en la elaboración de una gran variedad
de materiales (Hovanski
et al, 2007; Liu et
al, 2007; Weber y
Tavanga, 2007; y Zhou et
al, 2007). Adicionalmente, muchos de sus compuestos son
usados con fines clínicos en terapias para el tratamiento de diferentes tipos
de cáncer (Chandra y Loret, 2007; Conti et al, 2007; Kankaanranta et
al, 2007; Matsumoto, 2007; Nakamura et
al, 2007; Yanagie et al, 2007),
como preservativo en el tratamiento de madera (Aydin y Colakoglu, 2007;
Dhamodaran y Gnanaharan, 2007; Kartal et
al, 2007) y en
baterías (Xue et al, 2007).
En los últimos años gran cantidad
de evidencia indica la importancia del B como elemento esencial o beneficioso
en una gran variedad de organismos incluyendo humanos (Samman et al, 1998; Fort et al, 1999; Rowe y Eckhert, 1999; Armstrong et al, 2000; Nielsen, 2000; Miller y Bassler, 2001; Ralston y Hunt,
2001; Chen et al, 2002; Hunt, 2002,
2003; Moore y Hertweck, 2002; Newnham, 2002; Bakken y Hunt, 2003; Park et al, 2004, 2005; Pawa y Ali, 2006;
Goldbach y Wimmer, 2007). Algunos
estudios epidemiológicos indican que hay una relación inversa entre el consumo
de B y el riesgo de desarrollar cáncer de próstata sugiriendo que cada célula
expresa su capacidad particular para el transporte de las biomoléculas de
borato (Barranco y Eckhert, 2004; Cui et al, 2004). Existen laboratorios expendedores de
diferentes antibióticos a base de B, de los cuales el boromicin tiene
aplicación en el control del virus de inmunodeficiencia adquirida, más conocido
como SIDA, (Kohno et al, 1996).
A pesar de que está muy bien
establecida la esencialidad del B como micronutrimento para todas las plantas
vasculares en la obtención de altas y buenas producciones de calidad en las
prácticas agrícolas, el conocimiento acerca de sus funciones metabólicas en los
vegetales aún permanece incompleto.
Algunas investigaciones han ayudado a mejorar grandemente el
entendimiento de algunos procesos en las plantas en cuanto a su consumo y
transporte (Brown y Shelp, 1997; Hu y Brown, 1997; Brown et al, 2002; Takano et al,
2002, 2005a,b, 2006), formación de la pared celular (Matoh, 1997; O`Nelly et al, 2004), funciones de la membrana
celular (Goldbach et al, 2001) y de
defensa antioxidativa (Cakmak y Römheld, 1997).
El presente trabajo tiene como finalidad dar a conocer los más recientes
hallazgos en cuanto a los procesos involucrados en las diferentes funciones
desempeñadas por el B en las plantas para una mejor comprensión de su
comportamiento en cuanto a su manejo en los sistemas de producción agrícola.
Capacidad del boro
para formar biomoléculas
El átomo de B es de los más
pequeños, con sólo tres electrones de valencia, lo que le confiere una
deficiencia de electrones que lo destacan, después del átomo de carbono, con
una de las químicas más interesantes y diversas hasta ahora estudiadas
(Greenwood y Earnshaw, 1984; Rodgers, 1995; Power y Word, 1997; WHO, 1998, Malavé
Acuña, 2005). En la mayoría de los
fluidos biológicos, el B existe principalmente como ácido bórico, B(OH)3 (» 96%), y una pequeña cantidad del
anión borato, B(OH)4-, de acuerdo al equilibrio de
disociación:
B(OH)3 + H2O D B(OH)4- + H+
Debido a la tan
llamada deficiencia de electrones del B, ambas especies reaccionan rápidamente
para formar complejos con una variedad de azúcares y otros compuestos que
contienen grupos cis-diol, generando ésteres de boratos cíclicos estables
(Figura 1, A-D), sugiriéndose que la clave de la esencialidad del B radica en
la estabilización de moléculas de importancia biológica en diferentes
organismos (Bolaños et al, 2004a), lo
cual está aún en debate (Goldbach y Wimmer, 2007).
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A
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B
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C
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D
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Figura 1. Estructuras químicas: A) ácido bórico, B)
anión borato, C) complejo monoborato, D) complejo bis(diol) borato. |
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Sobre la base de la
mayor estabilidad de los borato di-ésteres en sistemas acuosos y de la
distribución de sitios de enlace cis-diol en células, es más probable que en estas
moléculas el B juegue funciones metabólicas más relevantes de lo que lo haría
en moléculas mono-ésteres, cuya formación es menos favorecida debido a las
condiciones químicas en sistemas vivientes más apropiadas para la generación de
moléculas suficientemente estables como los di-ésteres (Goldbach y Wimmer,
2007). Diferentes estudios han logrado
identificar algunas moléculas de importancia biológica ricas en grupos cis-diol
libres ideales para la formación de boratos, cuyas estructuras están representadas
en la Figura 2, A-F (Bolaños et al,
2004a).
La primera molécula
enlazada por borato identificada en el reino de las plantas es la
ramnogalacturonano II (RGII), un componente péctico de la pared celular estable
en condiciones fisiológicas, la cual es un dímero donde el B une dos monómeros
de RGII a través de un puente borato (Fig. 2-A) para proporcionar estabilidad a
la matriz de la pared celular (O`Neill et
al, 2004).
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Figura
2. Estructuras de biomoléculas enlazadas a boro: A) complejo
B-ramnogalacturonano II en la pared celular de las plantas, B) molécula de
señal bacterial quórum sensing autoinductor AI- |
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El boro en la pared celular
La pared celular es fundamental en la determinación del
crecimiento y desarrollo de la célula vegetal, que involucra una dinámica y
continua modificación durante la diferenciación celular (Pérez-Almeida y
Carpita, 2006). De acuerdo con Taiz y
Zeiger (1991), la pared primaria de plantas dicotiledóneas normalmente está compuesta
de un 25–30% de celulosa, de un 15–25% de hemicelulosa, de un 35% de pectina y
de un 5–10% de proteínas; donde las microfibrillas de celulosa se disponen
formando un entramado embebido en una matriz amorfa formada por hemicelulosa,
pectinas y proteínas. En esta compleja
estructura, mientras las microfibrillas sirven para soportar las tensiones
ejercidas sobre la célula (Niklas, 1992) y dirigir su crecimiento (Darley et al., 2001), la matriz controla la
rigidez y grosor de la pared; en tanto
que, la hemicelulosa sirve como puente de unión entre las microfibrillas de
celulosa lo que facilita su interacción con el gel formado por las pectinas. Las proteínas presentes en la pared, ricas en
prolina e hidróxiprolina, además de funcionar
como un andamio donde se disponen los polisacáridos integrantes de la
pared, también regulan las interacciones de las pectinas y hemicelulosa con la
celulosa, debilitándolas durante el crecimiento celular (Redondo Nieto et al., 2007). La matriz péctica es una
mezcla compleja de homogalacturonano (HG) y polímeros de RGI y RGII, donde el
boro participa como un puente borato en la formación del dímero B-RGII
componente fundamental en la arquitectura de la pared celular (Figura 3).
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Figura 3. Estructura
del dímero B-RGII mostrando el puente borato entre los residuos apiosil de cada
monómero homogalacturonano. Adaptado
de O`Neill et al (2001) y Reuhs et al (2004), (Goldbach y Wimmer,
2007). |
Hasta la fecha son
muchas las evidencias que enfatizan el rol estructural del B en la pared celular
de las plantas superiores soportadas a través de diversas revisiones (Goldbach
y Wimmer, 2007). Debido a que las
briofitas no vasculares contienen sólo
alrededor del 1% de la cantidad de RGII de las especies de plantas vasculares y
que la cantidad de RGII en la pared celular se incrementó durante la evolución
de las plantas vasculares (Matsunaga et
al, 2004); es probable que exista una estrecha relación entre la formación
del borato de RGII y la evolución de la tierra. Consecuentemente, el desarrollo
de la dependencia del B durante la evolución puede también correlacionarse con
el desarrollo y lignificado de las paredes secundarias. Adicionalmente, la estructura altamente
concentrada del complejo B-RGII (Figura 3) y el hecho de que sus genes aparecieron
durante las etapas tempranas de la evolución de las plantas terrestres, señalan
a
Diversos experimentos
han sido direccionados a determinar los efectos estructurales de la pared al
inducir pequeños cambios a nivel molecular dentro de la estructura del complejo
B-RGII (Figura 3). Reuhs et al., (2004), observaron una reducción
del crecimiento y malformación de las plantas al reemplazar parcialmente
fragmentos de L-fucosil por L-galactosil en xiloglucanos y en RGII del mutante mur1 de Arabidopsis thaliana; mientras que en otro experimento conducido
por Ryden et al., (2003), se observó
una reducción en la resistencia de tensión al compararla con la planta del tipo
silvestre. El hecho de que las plantas
pudieron ser rescatadas totalmente con más altos niveles de B en el hipocotíleo
y pecíolo, demostró que la carencia de fucosa en RGII más que en xiloglucan es
de importancia para el fenotipo. Estas
observaciones, entre otras (Goldbach y Wimmer, 2007), resaltan la gran
contribución de las pectinas como
moléculas de adhesión (Lord y Mollet, 2002), cuyo rol es alterado, afectando
así la estructura de la pared celular cuando no tiene lugar la dimerización de
El boro en la membrana
Son amplios los
estudios que han demostrado la importancia del B para la completa
funcionabilidad de los diferentes procesos a nivel celular en las plantas,
donde participan una diversidad de enzimas y otras proteínas plasmáticas,
además de los procesos de transporte a través de la membrana y de su integridad
(Cakman y Römheld, 1997; Goldbach et al,
2001; Brown et al, 2002). De acuerdo con estudios realizados, se
encontró que la deficiencia de B altera el potencial de la membrana
(Blaser-Grill et al, 1989), reduce la
actividad de
Algunos autores han
propuesto que la participación directa del B en el mantenimiento de la
integridad de la membrana probablemente tiene lugar mediante la complejación
cis-diol con glicoproteínas, las cuales son constituyentes estructurales de la
membrana plasmática (Goldbach et al,
2001; Brown et al, 2002). Algunos efectos de deficiencia del elemento,
que lo señalan como fundamental en la estabilización de la membrana, incluyen:
alteración de permeabilidad por potasio y azúcares (Parr y Loughman, 1983;
Goldbach, 1985; Cakmak et al, 1995;
Wang et al, 1999), daño de la
membrana peribacteroide en nódulos (Bolaños et
al, 1994) o un cambio en los niveles de calcio enlazado a la membrana
(Mühling et al, 1998; Wimmer y
Goldbach, 1999), lo cual puede ser corregido por un suministro de calcio en
cianobacterias compensando así las reacciones de deficiencia de B (Bolaños et al, 1993).
El desempeño del B y
su importancia para los organismos fijadores de nitrógeno, así como su
esencialidad en el establecimiento del sistema simbiótico Rhizobium-leguminosas ha sido revisado extensivamente (Bolaños et al, 2004a). El rol del B en la señalización bacterial se
reveló recientemente con el descubrimiento del autoinductor AI-2 (Chen et al, 2002), una nueva molécula de
señal bacterial “quórum sensing”, tanto en estructura como en función,
identificada como un borato diéster furanosil (Figura 2-B). Como producto de la señalización molecular,
mediada por planta-bacteria, se originan glicoconjugados en su mayoría ricos en
grupos cis-diol con una subsecuente integración física y metabólica
rhizobia/células hospederas que se vuelve progresivamente más intima
(Kannemberg y Brewin, 1994). Una vez que
el Rhizobium está dentro de la célula
el B promueve a los bacteroides a fijar el nitrógeno; siendo el elemento
necesario para el correcto enfoque de las glicoproteínas derivadas de un nódulo
específico de la planta (Bolaños et al,
2001), que son cruciales como señales para la diferenciación de bacteroides
dentro de una forma de fijación de nitrógeno (Bolaños et al, 2004b). Se ha
indicado la posibilidad de que el autoinductor AI-2 (Fig. 2-B) podría servir no
sólo como una señal bacterial universal para comunicación entre especies (Chen et al, 2002; Winans, 2002), sino también
como un transportador de B hacia dentro y fuera de la célula dependiendo del
crecimiento o condiciones ambientales (Coulthurst et al, 2002).
Por otro lado,
Verstraeten et al (2005) sugieren que
a nivel celular el B interacciona con fosfolípidos cargados negativamente o con
aquellos que contienen residuos de azúcares móviles, tal como el residuo apiosa donde se establece el puente borato en
el dímero RGII (Fig. 2-A y 3). En este
caso los autores mostraron la interacción B con la bicapa lipídica usando
concentraciones tan bajas como 0,5 mM de ácido bórico, determinándose así la magnitud y
dirección de los efectos del elemento y su posible rol en el mantenimiento reológico
de la membrana al modular la hidratación y fluidez de las bicapas
lipídicas. No obstante, aún se requieren
evidencias de esta función modular que podría ser distribuida por igual tanto
en animales como en vegetales (Goldbach y Wimmer, 2007). El hecho de que las actividades enzimáticas
relacionadas con enlaces a plasmalemas respondan marcadamente rápido (desde
minutos a una hora) a los cambios en el suministro de B, señala, al menos en
parte, un control post-transcripcional y post-translacional regulado por el
nivel del elemento. Así mismo, otra
evidencia para un control post-translacional de proteínas enlazadas a
plasmolemas radica en la observación de que el transportador de B de Arabidopsis thaliana (AtBOR1-1) está
regulado por el nivel de B (Takano et al,
2005a). Adicionalmente, el normal
funcionamiento de la membrana también puede ser afectado por la acumulación de
radicales libres oxidativos (incluyendo la especie ·OH) en las células, siendo ésta una de las
consecuencias indirectas de deficiencia de B en las células de la raíz y de las
hojas (Cakmak y Römheld, 1997) que puede ser sobrellevado, incluso en células
animales, incrementando los niveles de B (Pawa y Ali, 2006). Una probable respuesta secundaria producto de
los radicales ·OH es el cierre reversible de los canales de agua de
la membrana plasmática (Henzler et al,
2004), lo cual está en línea con los hallazgos de Yu et al. (2002) en raíces de tabaco.
Otros procesos implicados en la relación B-planta a
nivel celular
Algunos estudios han
demostrado que la deficiencia de B afecta el proceso de fotosíntesis en las
plantas; sin embargo, es necesario destacar que la evidencia existente hasta
ahora, en su mayoría, se obtuvo a partir de experimentos in vivo con tratamientos bastante distantes (10 días o más) en
plantas con un deficiente suministro del micronutrimento (Kastori et al, 1995; El-Shintinawy, 1999). Los mecanismos primarios del desempeño del B
en la fotosíntesis no se conocen, pero podría afectar las funciones a nivel de
las membranas cloroplásticas por interrupción del transporte de electrones y
del gradiente de energía a través de la membrana resultando en una
fotoinhibición (Goldbach y Wimmer, 2007).
Otros estudios indican
la existencia de una estrecha relación entre el B y el Ca donde ambos co-actúan
a nivel de la membrana celular por interacciones aún desconocidas (Bolaños et al, 2004a). En este aspecto, las evidencias obtenidas a
partir de diferentes investigaciones señalan que esta relación es un factor determinante
en la expresión genética (Redondo-Nieto, 2002; Redondo-Nieto et al, 2002), además de que la
participación del Ca es importante en la estabilización de los complejos de B
(Mühling et al, 1998; Kobayashi et al, 1999; Wimmer y Goldbach,
1999). Adicionalmente, el Ca reduce los
efectos de la deficiencia de B en el desarrollo de los nódulos (Redondo-Nieto et al, 2003) incluso bajo estrés salino
(El-Hamdaoui et al, 2003a; 2003b).
Recientemente se
revisaron los efectos que la interacción entre el B y las bajas temperaturas
produce en especies de clima tropical, particularmente en cuanto a las
funciones de la raíz, uso del agua en el tallo y consumo y utilización del B en
estos tipos de plantas (Huang et al,
2005). Es un desafío seguir más de cerca
las posibles interacciones entre el suministro de B y el posterior estrés
originado tanto al frío (Ye et al,
2000, 2003) como a la salinidad (Wimmer et
al, 2005), cuyos efectos parecen ser aditivos (Ye et al, 2000, 2003), permaneciendo aún con dudas los procesos y
reacciones involucrados en la tolerancia de las plantas a ambos estreses
(Goldbach y Wimmer, 2007). Dordas y
Brown (2000), demostraron que las diferentes proporciones de esteroles y ácidos
grasos de cadenas más largas en la membrana plasmática de células de raíz
cambia significativamente el consumo de B en mutantes de Arabidopsis thaliana y relacionaron estos cambios a diferentes
coeficientes de permeabilidad para el ácido bórico a través de membranas
plasmáticas que contienen diferentes grupos de lípidos y ácidos grasos. Así, el descenso del nivel de esteroles en la
membrana plasmática puede incrementar su fluidez y permeabilidad al agua y a
iones, lo cual está correlacionado con la tolerancia de la planta al frío
(Hugly et al, 1990), siendo una respuesta
común el incremento de la rigidez en la membrana en especies susceptibles a las
bajas temperaturas tales como las de café, Coffea
arabica L., (Queiroz et al,
1998). Como resultado, la reducción
inducida por el frío en la fluidez y permeabilidad en la membrana de células de
raíz, puede también contribuir a la inhibición del consumo de B en especies
susceptibles al frío (Ye et al, 2000,
2003). Adicionalmente, los
requerimientos internos de B en las células de hojas también pueden sufrir
cambios bajo condiciones de estrés debido a la alteración de sus niveles de
antioxidante (Cakmak y Römhel, 1997).
Asimismo, Huang et al. (2005)
señalaron que la coincidencia de un bajo suministro de B junto con frío (u otro
estrés) puede exceder la capacidad de las células para hacer frente a una
excesiva producción de especies de oxígeno reactivas.
La pérdida de agua
inducida por el frío es una de las más significativas consecuencias
fisiológicas resultantes de una reducida conductancia hidráulica de la raíz y
de una transpiración excesiva debido a un descontrol estomático en cuanto a un
retardo o falla de cierre (Allen y Ort, 2001), lo que además tendría un impacto
negativo en el suministro de B a los sitios de crecimiento debido a un limitado
consumo y transporte del elemento desde la raíz hacia el resto de la
planta. Considerando que la deficiencia
de B incrementa la acumulación de radicales libres oxidativos (·OH) (Cakmak y Römhel, 1997), los cuales influyen en el
cierre reversible de ciertas acuaporinas (Henzler et al, 2004), se puede entonces decir que la deficiencia inducida
de B, al reducir el flujo de agua a través de las acuaporinas, puede añadir un
elemento más a tener en cuenta en el manejo de los sistemas agrícolas sujetos a
condiciones tanto de frío como de sequía.
Aspectos y perspectivas resaltantes del rol funcional
del boro en las plantas
Se ha hipotetizado que
el rol primario del B en todo sistema consiste en estabilizar moléculas de
importancia biológica mediante la formación de puentes diésteres con grupos
cis-diol independientemente de la función de cada una de ellas (Bolaños et al, 2004a). Esta capacidad particular del átomo de B
radica en su química, la cual no sería posible para otros átomos tales como
fósforo o azufre, que aunque puedan formar uniones a través de puentes
diésteres, la estructura molecular resultante sería inestable debido a una
densidad electrónica marcadamente grande propia de los átomos más pesados.
A pesar de que hoy
esta bien documentada la importancia del B como elemento de unión en la
formación del dímero ramnogalacturonano II (RGII), componente estructural de la
fracción péctica fundamental en el ensamblaje de la pared celular de las
plantas, sus funciones en la membrana plasmática han sido postuladas sólo en
base a un gran número de observaciones cuyos mecanismos aún son tema de
especulación (Goldbach, 1997; Blevins y Lukaszewski, 1998; Brown et al, 2002; Bolaños et al, 2004a; Goldbach y Wimmer,
2007). Al parecer, la presencia de
moléculas aceptoras específicas capaces de formar complejos con el par ácido
bórico/borato, son indispensables en la existencia de cualquier rol funcional
desempeñado por el B. Así, el B puede
formar complejos borato con una variedad de moléculas que contengan ligandos
hidroxilados tales como serina o treonina, además de fragmentos de azúcares
como manosa, apiosa o galactosa entre otros (Ralston y Hunt, 2000); siendo las
glicoproteínas y glicolípidos buenos candidatos para una posible función del B
en las membranas. En cuanto a esto, se
ha reportado un número de estructuras específicas de interés, que incluyen proteínas enlazadas o que forman parte de la
membrana, que están probablemente relacionadas con procesos dependientes del B
a nivel celular como crecimiento, diferenciación y percepción cuyos mecanismos aún permanecen sin aclarar
(Kohorn, 2000). La mayoría de estas
estructuras enlazadas a la membrana pueden contener residuos de manosa o
fosfatidil-inositol, los cuales son posibles ligandos para B con una capacidad
de enlace fuerte (Ralston y Hunt, 2000).
De este modo, la proporción de proteínas libres y unidas a la membrana
puede cambiar bajo una deficiencia de B con consecuencias que pueden incluir
más bajos contenidos de proteínas ricas en hidróxiprolina en la pared celular
de Phaseolus vulgaris (Bonilla et al, 1997). Existe una notable coincidencia entre muchos
procesos sujetos a los arabinogalactán-proteína (AGP) y su dependencia en el
suministro de B que involucran diferenciación del xilema (Stacey et al, 1995) y crecimiento del tubo de
polen (Majewska-Sawka y Nothnagel, 2000).
Las proteínas ancla de glicosil-fosfatidilinositol (GPI) son componentes
de los transportadores de membrana con funciones específicas, ricas en
esfingolípidos y colesterol e insolubles en detergentes no iónicos (Brown y
London, 2000). Estos transportadores
requieren del B debido a su rol específico tanto en su formación como en su
estabilización mediante la posible formación de complejos bis-borato con
residuos de manosa (Brown et al,
2002).
Manejo del boro en los sistemas agrícolas
Los desequilibrios
originados por deficiencia y toxicidad de B son problemas existentes en muchas
regiones agrícolas del mundo, siendo necesaria su identificación y corrección
sólo a través de un buen conocimiento de los procesos involucrados en su
absorción, movilización y distribución en la planta (Brown y Hu, 1998a).
En general, las
técnicas de muestreo para diagnosticar el estatus de B en las plantas están
basadas en la premisa de que el B es inmóvil, no se desplaza en el floema, como
sucede en la mayoría de las especies.
Sin embargo, actualmente se sabe que el B es móvil en el floema de
aquellas especies que utilizan polioles (azúcares simples: manitol, sorbitol)
como un metabolito fotosintético primario con alta afinidad para enlazar al B
para su posterior transporte en el floema hacia zonas de acumulación activa,
como los meristemas vegetativos o reproductivos (Brown et al, 1999; Brown y Hu, 1996; 1998a; Hu et al, 1997). En estas
especies la toxicidad de B se presenta como muerte descendente de los brotes
jóvenes, abundante secreción de resina en la axila de la hoja y presencia de
lesiones corchosas de color marrón a lo largo del tallo y los pecíolos que son
síntomas observables en almendra, manzana, albaricoque, cereza, melocotón,
pera, níspero, olivo y ciruela (Brown y Hu, 1998a). Por el contrario, en las especies que no
producen cantidades significativas de polioles, el B una vez translocado con el
flujo de la transpiración hasta las hojas permanece inmóvil sin poder reentrar
en el floema. En estas especies, el B se
acumula en las partes terminales de las venas de las hojas describiendo un
gradiente abrupto de modo que la concentración en el peciolo o nervadura
central es menor que en la lámina media y ésta a su vez es menor que en los
márgenes y ápices, así estas especies exhiben los síntomas clásicos de
toxicidad de B presentes como quemaduras en las márgenes y puntas de las hojas
en fresa, nuez, pecano y tomate (Brown y Hu, 1998a).
La diferencia de
movilidad del B influye en el diagnóstico de su estatus para corregir su
deficiencia y toxicidad en las plantas, teniendo en cuenta su movilidad en el
floema para la selección del tejido a muestrear. Esto es debido a que el B no se acumula en
las hojas más viejas, pero si en las más jóvenes, de las especies donde es
móvil; mientras que por el contrario, en las especies donde es inmóvil su
acumulación es mayor en las hojas más viejas, con respecto a las más jóvenes,
por una mayor transpiración. De igual
manera, un diagnóstico de deficiencia de B en hojas con una madurez reciente o
de completa expansión no es adecuado para especies donde el B es inmóvil debido
a que no refleja la concentración de los sitios en crecimiento cuyo muestreo si
será válido para tal diagnóstico como único enfoque válido a pesar de su
naturaleza de ser un proceso difícil e inconsistente. Por el contrario, en las especies con
movilidad, las hojas maduras son apropiadas para diagnosticar la deficiencia ya
que su contenido si refleja el estatus de B en toda la planta incluyendo los
tejidos en crecimiento (Brown y Hu, 1998a).
La fertilización de B
debe ser manejada muy cuidadosamente para no crear problemas de contaminación
en el ambiente de los cultivos, teniendo en cuenta los patrones de movilidad en
las plantas. De acuerdo con evidencias
experimentales, el B aplicado foliarmente es retranslocado hacia los órganos en
crecimiento en las especies donde es móvil, siendo ésta una práctica efectiva
en cualquier momento que estén presentes hojas funcionales, para corregir su
deficiencia y suministrarlo a los futuros tejidos incluyendo flores y frutos
(Christensen et al, 2006; Nyomora et al, 2000; Nyomora y Brown, 1999;
Brown y Hu, 1998a; 1998b). Sin embargo,
en especies donde el B es inmóvil su aplicación foliar no lo transloca del
sitio aplicado, no pudiéndose suplir sus requerimientos en los tejidos aún no
formados. En tal sentido, la corrección
de la deficiencia se logra por aplicación directa en los sitios de interés. Así, en frutales donde el B es inmóvil, pero
esencial para el proceso de floración, las aplicaciones son efectivas
directamente en los botones o en las flores (Brown y Hu, 1998a).
CONCLUSIONES
El gran cúmulo de
evidencias existentes hasta ahora, destacan al B como un elemento dinámico que
afecta un número excepcionalmente grande de funciones biológicas involucradas
en un amplio espectro de procesos englobados en las plantas, que en gran parte
carecen de una clara y satisfactoria elucidación de los mecanismos involucrados
para la ocurrencia de tales procesos. En tal sentido, las investigaciones futuras cuentan con
muchos retos que incluyen la identificación de los componentes de relevancia y
de los ligandos enlazados al B además de definir su función. Entre las herramientas promisorias para estos
intentos se pueden incluir el uso de mutantes, la disponibilidad de marcadores
fluorescentes y estudios in vivo para
determinar la estabilidad de los complejos de B y su dependencia con el medio.
Estos son, entre otros, algunos experimentos que pueden ayudar a mejorar la
comprensión en cuanto a las funciones del B en el reino vegetal. Adicionalmente, se dispone de una herramienta
bastante útil basada en el uso de ácidos fenilborónicos que incluyen al ácido 3-naftil-borónico
muy recientemente utilizado para prevenir la formación de puentes borato debido
a que enlazan fuertemente a los cis-dioles (Bassil et al, 2004). A pesar de los
grandes avances y mejoras logradas en los instrumentos analíticos durante la
presente década, son necesarios mayores esfuerzos conducentes al desarrollo de
nuevas metodologías con mayores capacidades de análisis de B a concentraciones
fisiológicas en los tejidos de las plantas.
En cuando al manejo del B en los sistemas agrícolas, es fundamental
conocer la relativa movilidad del B en las especies para el muestreo de tejido
cuyo análisis indicará el estatus de B en la planta y la consecuente estrategia
de aplicar o no fertilización teniendo en cuenta el estrecho margen entre
deficiencia y toxicidad.
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